La posibilidad de resucitar a los muertos en forma de avatares digitales ya es una realidad. Empresas especializadas utilizan la inteligencia artificial para crear avatares virtuales o chatbots a partir de los datos de personas fallecidas, permitiendo a sus seres queridos interactuar con ellos. Este avance tecnológico ha sido utilizado por una madre en Corea del Sur para despedirse de su hija fallecida, creando un avatar de la niña. Además, existen empresas como HereAfter. AI y StoryFile que se dedican al desarrollo de tecnologÃa de duelo, utilizando la inteligencia artificial para preservar la memoria de los fallecidos y generar conversaciones interactivas con ellos.
Actualmente, se utiliza principalmente un bot guiado por inteligencia artificial que simula conversaciones basadas en información recopilada previamente del difunto. Sin embargo, algunas empresas están trabajando en la siguiente fase, llamada "IA generativa", que permite ampliar la conversación con nuevos argumentos y respuestas, dando la sensación de que el fallecido continúa pensando.
Este avance tecnológico también ha despertado preocupaciones
y debates éticos. Algunas personas temen que los dolientes puedan quedar
atrapados en un ciclo de interacción con los avatares y no puedan superar el
duelo. Otros argumentan que la inteligencia artificial permite mantener la
proximidad con los difuntos en cualquier lugar, a través de dispositivos
electrónicos.
Además, se plantean riesgos relacionados con el mal uso de
los datos de los fallecidos. Existe la posibilidad de que los avatares se creen
sin consentimiento y se utilicen para fines inapropiados, como contenido para
adultos o difusión de información falsa. Por esta razón, se requiere una regulación
adecuada a nivel europeo e internacional para proteger la privacidad y los
derechos de los fallecidos.
En conclusión, si bien la resurrección de los muertos como
avatares digitales es una realidad tecnológica, su aplicación plantea
cuestiones éticas y legales que deben abordarse con cautela y regulación.
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